top of page
Buscar

Título: Una nota en modo menor para mencionar lo moderno en Aníbal Velásquez

  • Foto del escritor:  Arminio del Cristo Mestra Osorio
    Arminio del Cristo Mestra Osorio
  • 1 ago 2020
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 2 ago 2020

Por: Arminio del Cristo Mestra Osorio

(Entrega Final)


En su carrera ascendente siguió tocando e incursionó en la composición.


La mayoría de sus éxitos pertenecen a su hermano José Velásquez; las canciones de su autoría son ‘Caracoles de colores’, ‘El perro zapato blanco’, ‘Las delgaditas’. Compuso una puya, titulada, ‘Agüita de panela’.


Otros temas con reconocimiento en el mundo bailable: ‘La brujita’ de (Moisés Coronado), ‘El turco perro’ (Hilario Angarita), ‘El desfile’ (Carlos Román), ‘La cachiporra’, un tema de Carlos Román con la música de Aníbal Velásquez, ‘La negra Celina’ (Cristóbal Pérez).


Le grabó dos boleros en estilo danzón al puertorriqueño Rafael Hernández, ‘Ahora seremos felices’, ‘Capullito de alelí’.


¿Qué decir del tema ‘Dominique-dominique’? Se atrevió a coger una canción de las monjas de la ‘Orden de las predicadoras’ (Dominicos), compuesta para dedicársela a Santo Domingo de Guzmán quien fue el fundador de la orden.


En 1963 todo un éxito comercial. Se dice que la versión está interpretada en francés, pero también fue grabada en inglés y español.


El ‘brujo del acordeón’ la grabó en guaracha cambiándole el ritmo y el deje. Revolucionó las entrañas en la orden de las monjas.


Si bien no estaban las siete estrofas de la canción, el solo estribillo les iba a producir más de lo que ellas habían podido imaginar con la dedicación a Santo Domingo.


El coro se repite dos veces y se bailó en las verbenas populares, carnaval, fiestas patronales, reinados de pueblos; la misma iglesia se lo gozó en sus bazares.


Este tema se movió en toda esa plenitud de lo moderno. Rompió con el paradigma de los cantos de la feligresía católica.


Lo transformó en una guaracha bailable. Provocadora para esos tiempos, rompe el paradigma de una sociedad bañada por el confesionalismo: perdonar, pecar, confesarse, donde los pecados se redimen a través de la oración.


La música sacra perdió su sacralidad. Pasó a ser un tema del folclor caribeño. Este aporte a la modernidad musical vino a darle vida a lo realizado por ‘Los Corraleros de majagual’.


No sé si lo bailaron en Europa o llegó a las manos del papa de la época o se pensó incluirlo en una encíclica.


Roberto Montes, indicó en su libro, ‘Maestros del Acordeón: historia de cantantes músicos y compositores’ “El escándalo que se formó ayudó a darle más publicidad. Un día se presentaron en los estudios de la disquera unas monjas que querían conocer al prodigioso acordeonero. Se lo presentaron y le dieron las gracias y la bendición. Como Emilio Fortou les entregó un cheque de 300.000 pesos por regalías, se emocionaron tanto que le pidieron que siguiera grabando otros discos con música de iglesia”.


Las agrupaciones de ‘Lecuona’, ‘Matamoros’ van a tener mucha influencia en su vida musical, pero principalmente, ‘La Sonora Matancera’.


El asunto musical se va a volver más interesante en su carrera artística cuando aparece la disputa por el mercado entre Aníbal, Alfredo Gutiérrez, Alejo Durán.


Como no resaltar esa década de los años cincuenta en el municipio de Fundación (Magdalena), quien, para un seis de agosto, ‘La casa George’, cuyo gerente era Camilo George, organiza un festival de música de acordeones donde concurrieron los acordeoneros de ese entonces: Alejo Durán Díaz, Luis Enrique Martínez, Andrés Gregorio Landeros, Abel Antonio Villa. Hasta el músico Roberto Román, conocido como ‘Romancito’, lleva por primera vez a participar a un joven de escasos 15 años, quien años más tarde revolucionaria la música de acordeón: Hago referencia a Aníbal Velásquez Hurtado.


Eso ha sido la música en la vida de Aníbal. Y se reafirma tal como lo explica Gillo Dorfles, en su texto ‘El devenir de las Artes’ “La música en su más elemental forma de canto melódico- es la única de las artes de que sabe valerse hasta el hombre más inculto y primitivo; y es también cierto que esta capacidad, innata y ubicua del hombre, es la que permite suponer, como muy probable, que este arte le ha acompañado desde los albores de la civilización y lo habrá de acompañar siempre.


En efecto la música es quizás la única forma artística cuya capacidad de asociación es inagotable e inextinguible: su capacidad de ligarse a estados a veces patéticos, a veces sensoriales, a veces provocados por las más abstractas motivaciones, es infinita…”


¿A dónde inscribimos a este señor músico? En la línea de ‘Músicos folclóricos o en músicos populares profesionales’. “Tal vez el aspecto más importante en la discusión con los discursos folclóricos (se auto enuncian como defensores de la tradición pura) tengan que ver con la distinción que debe hacerse entre quienes se dedican a ciertas prácticas musicales tradicionales como parte de una actividad complementaria y aquellos que se han convertido en profesionales.


Para los primeros, reproducir las matrices tradicionales tal es una práctica apenas natural. Han aprendido a ejecutar ciertos géneros con ciertos instrumentos y a cantar determinados repertorios con éste o aquel modo tradicional de vocalización, mediante la interacción con otros músicos, por imitación, por iniciativas personales, todo ello dentro de comunidades sonoras.


Pero a medida que se fue expandiendo el mercado de la música con la intervención de múltiples factores y agentes, se hizo necesaria una profesionalización de los músicos…” (Nieves 2008 pág. 75, 76)


‘El ciclón musical del caribe’ fácilmente pudo vivir este proceso de las dos maneras (músico folclórico y músico popular profesional).


Pudo asimilar la primera con esa facilidad connatural de músico. La segunda dentro de ese proceso ascendente adquirido en pocos años, desde grabar, imponer un estilo para cantar, tocar, estar en los medios de información y desfilar por la naciente tecnología.


Los folcloristas no pudieron obligarlo a reproducir matrices tradicionales desde la rigurosidad del pasado, mucho menos coartar su creatividad. Tuvo su manera de concebir, entender, crear la música de sus tiempos que comparada con los de hoy no sé si habrá diferencias diametralmente opuestas o un choque generacional.


No es posible congelar unos estilos musicales. Seguir practicando abiertamente descalificaciones gratuitas para quienes nos apartamos de la ortodoxia y el fundamentalismo.


Voy a partir de un principio presente en la investigación. Para mí el artista Velásquez, se mueve en el contexto, se relación con el todo, las partes, lo multidimensional y lo complejo.


Estos son los principios de un conocimiento pertinente presente en el discurso de Edgar Morín, allí radicaría para mi toda esa sapiencia del músico quien encontró, auscultó, sorteo y descubrió este revolucionario de la música en el siglo XX.


Termino citando a Martín Heidegger en su escrito ‘Invitados de la vida’ “Y un buen invitado, un invitado digno, deja su lugar en el que ha sido hospedado algo más limpio, algo más bonito, algo más interesante que como lo encontró. Y si tienen que marcharse hace sus maletas y se va”.


Ese ha sido nuestro invitado. Llegó para hacernos sentir, compartir su mundo creador, mejorar lo establecido, despejar dudas en este universo musical. Ahora sí, a bailar con una guaracha del gran Aníbal.


 
 
 

Comments


bottom of page