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Título: ¿Quién nos gobierna en estos momentos de crisis?

  • Foto del escritor:  Arminio del Cristo Mestra Osorio
    Arminio del Cristo Mestra Osorio
  • 11 oct 2020
  • 5 Min. de lectura

Por: Arminio del Cristo Mestra Osorio.


¿Vivimos en una tiranía o bajo un mandato autoritario? ¿Qué mafia nos gobierna? ¿Nos merecemos un coordinador de fiscales delegados ante la Corte, como el señor, Ramón Jaimes Durán, quien viene procediendo con unas maniobras más que turbias?


Colombia eligió un presidente que desconoce la separación de poderes. Y quien constantemente se vive pronunciando de forma indebida sobre los procesos en curso. Lo más reciente hace referencia al magnicidio del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado.


Gobierna bajo la sombra del presidente eterno. El mismo que estuvo en prisión domiciliaria. El que ha puesto en tela de juicio el fallo de la Corte Suprema de Justicia, la misma que él chuzó cuando fue presidente.


Estamos viviendo un velorio nacional con las masacres de jóvenes, líderes, lideresas sociales. Ante estos crímenes no se ha podido encontrar una respuesta eficaz por parte del estado colombiano.


Este gobierno no tiene a la mano explicaciones que dejen plena tranquilidad a una sociedad que ya se cansó de tantas investigaciones exhaustiva. De promesas fallidas por parte de la propia institucionalidad como de los dirigentes que conforman los partidos tradicionales.


Solo figuran por ser los actores principales de una corrupción que hasta el día de hoy no se sabe cuándo acabará. Ellos mismos no han podido dimensionar en toda su esencia lo que está aconteciendo en el territorio nacional.


El país está viviendo unos tiempos de explosión social por todo lo que está aconteciendo desde el punto de vista económico, social, político, ambiental.


Por todo lo que se ha podido vivir con el encerramiento obligatorio y voluntario donde la población que más ha sufrido son los sectores estratos 1,2 y 3.


¿Qué decir de la ayuda a los desprotegidos frente a la arremetida del Coronavirus?


En qué quedó la investigación a los alcaldes, gobernadores, politiqueros, que estaban negociando con el dinero destinado a la pandemia.


Es otra puesta en escena donde la obra ha quedado inconclusa como todo lo que pasa en el teatro nacional colombiano.


Un presidente que no se ha podido cortar el cordón umbilical de ese nacimiento político que lo llevó a la presidencia.


También le ha costado destetarse. Da la sensación de ser un presidente sin dignidad, así salga todos los días, a repetir el mismo libreto de un programa que no dice nada aparte de la repetición cotidiana.


¿Cómo se le podría denominar a este espacio populista-neopopulista o un descaro autoritario porque se cree que está gobernando con responsabilidad y eficacia?


La perla de todo esto es la mirada de muchos ministros y la del primer mandatario donde la consigna es arrasar, desconocer, vulnerar, validar el asesinato, las masacres.


Da miedo porque estas salidas fascistas o neofascistas sería lo peor que le pudiera pasar al país.


O sino revisen las afirmaciones del expresidente y ex senador Uribe, que son de un extremo autoritarismo dictatorial.


Estas son espeluznantes, como, por ejemplo, “La moral hay que diferenciarla del derecho, cuando el derecho en sus normas jurídicas prohíbe matar, algunos han dicho que hay casos en que hay que matar por razones morales”, o esta otra: “Si la autoridad serena, firme y con criterio social implica una masacre es porque del otro lado hay violencia y terror más que protesta”.


Estos discursos de terror, muerte, desaparición forzada, no deben reivindicarse por la sociedad civil ni por los medios de información, vengan de donde venga.


¡Hay que decirle basta ya! Un NO rotundo a esta manera de invocar la muerte.


La pandemia hizo pensar a muchos funcionarios que en pleno desarrollo del Covid había que utilizar un lenguaje guerrista y de prisión, como: “es una guerra” “un enemigo invisible” “confinar”, “aislar” “denunciar a todo sospechoso”.


En esencia fuimos unos ciudadanos que nos movimos en el pánico, la esquizofrenia. Hasta perdimos la noción del tiempo porque el tacto ese que mueve nuestra dinámica social se nos quitó del medio.


Lo más sospechoso de todo lo que nos está pasando es la forma como vienen utilizando el lenguaje: ahora se habla de “homicidios colectivos” (las masacres) según tengo entendido esta definición procede del ejército nacional.


Esta terminó haciendo carrera en el discurso de Duque y en su ministro de defensa Holmes Trujillo quien se enorgullece cuando la pronuncia.


A la arremetida brutal de la Policía contra la población civil desarmada se le llama “episodios irrelevantes”. Cuando todos sabemos que lo que pasó en esos días de septiembre fueron actos brutales por parte de unos miembros que constitucionalmente están allí es para proteger a la población, no para agredir, acabarla a punta de gases lacrimógenos, balas y garrote físico.


¿Qué más podemos esperar si el que está gobernando no da esperanzas de ninguna especie? Donde lo ancho es para ellos y lo angosto para la mayoría.


‘La ley del embudo’, sin lugar a duda, si nos quedamos contemplando el panorama y no salimos como fuerza social a reivindicar nuestros derechos la situación será más que dura.


La mayoría de las masacres realizadas en Colombia están centradas en el Cauca y Nariño. Territorios caracterizados por ser rutas para los grupos armados que mueven la droga hacia el océano pacífico; se dice que los desplazamientos en esa región se estarán incrementando a finales del 2020.


Como es de conocimiento por parte de los defensores de derechos humanos, organizaciones sociales, líderes e instituciones que le apostaron al proceso de paz, que esos nuevos territorios que se formalizaron con la dejación de las armas por parte de Farc nunca fueron copados por el estado colombiano, con proyectos económicos y sociales que fueran a solventar las necesidades a esos nuevos habitantes ubicado en esos nuevos espacios.


Al no haber presencia gubernamental los grupos armados fueron tomándose esos espacios. Allí encontraron un terreno propicio para delinquir en todos los aspectos.


Hoy todavía el gobierno se pregunta qué está pasando. Sólo culpan a las disidencias y grupos armados que controlan los cultivos de coca.


Pero no se detienen a analizar qué pasó con estos nuevos territorios que cayeron en el abandono. Estos siguen viviendo en el atraso, sin educación, salud, carreteras y sin inversión social.


Esa es la dura realidad que se vive en muchos departamentos de esta nación que no termina de soportar la corrupción, injusticia social y las componendas de poder en la Fiscalía, Procuraduría, Contraloría, Personería. Ahora los dueños del poder buscan ajustar a su medida la Corte Constitucional y la Corte Suprema de Justicia.


Estamos frente a una crisis institucional, la gobernabilidad no se ve por ningún lado. El autoritarismo, el desconocimiento a los fallos de la justicia es la constante, no hay el mínimo respeto por los poderes. La protesta social es señalada como un nido de terroristas.


Hay que acabarla a como de lugar; no hay otra salida que gobernar con decretos de emergencia para salvar las empresas del capital transnacional.


Ojalá, los vientos de primavera, el verano democrático lleguen muy pronto por estas tierras áridas de participación.


Portada:https://gestion.pe/mundo/dictadores-inteligentes-atraen-inversion-extranjera-273566-noticia/

 
 
 

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