Por: Arminio del Cristo Mestra Osorio
Meter miedo es la consigna de este gobierno para seguir gobernando a un país de futuro incierto. Éste todavía no sabe qué destino le depara una vez termine la pandemia endemoniada.
Se vive una histeria colectiva causada por la delincuencia que azota las principales ciudades de Colombia; bandas delincuenciales que atracan con armamento sofisticado, fletean, robos de bicicletas etc.
El pavor a la inseguridad crece día tras día, así los mandatarios locales salgan a decir que todo está controlado.
No hay ningún tipo de sustentación jurídica ni policial para indicar que esta nueva delincuencia es producto de la Coronavirus-19.
¿Cuál es el papel que viene cumpliendo la policía frente a esta arremetida por parte de bandas emergentes y no emergentes que roban, asaltan apartamentos, supermercados y golpean al peatón indefenso?
¿La institución como viene controlando el delito en Colombia?
Parece que este accionar delincuencial aumenta y se complica más y más. No hay manera de erradicarlo en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena y ciudades intermedias.
El país ahora no sólo vive con el pánico de la epidemia, sino que estos actos vandálicos tienen al país sumido en el miedo, desesperanza y momentos inenarrables.
La cuarentena más larga en la historia la soportamos nosotros en Colombia.
El país de brujos, Alquimistas, echadores de suerte, charlatanes, embaucadores, aduladores, arrodillados y desconocedores de la justicia que desafían a la misma Corte Suprema de Justicia por haberse atrevido a dictar un confinamiento jurídico al presidente eterno que empezó a caérsele esa eternidad.
“Este gobierno ha atendido a los que tienen el poder real, comerciantes, industriales y financieros. Ha estado por encima de los intereses de la gente del común, del empleado independiente, del microempresario o del trabajador marginal. Muchas veces, sin bases científicas ni técnicas, ha sometido a la población a medidas que después ha tenido que retirar. No encerró a todos por protección, ahora nos suelta para que trabajemos y compremos. Lo ha hecho sin haber llegado al control de la epidemia. Por el contrario, el contagio está aumentando. Los días sin IVA aumentaron el contagio, pero culpabilizan a los ciudadanos”. (El Tiempo, miércoles 8 de julio 2020).
El miedo, el pavor y el desconcierto es rentable para Duque, todavía más, en estos momentos, cuando quiere meter al país en la defensa de su progenitor apalancando una constituyente.
La radiografía o diagnóstico que realiza la Cepal para la región debe ser preocupante para nuestro Bonaparte criollo.
Indica que la caída en la economía regional llegará a un nueve por ciento en este 2020 y que el ingreso por habitante para el mes de diciembre será igual al del 2010, y de acuerdo con este organismo habrá otra década perdida
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Más desempleo en América Latina, más pobreza, la cual pasará de 186 a 231 millones, donde 96 millones vivirán en la total miseria.
Nosotros no vamos a ser la excepción. Nos esperan días de pobreza, desempleo, migración a las grandes ciudades, hambre, falta de salud, deserción escolar en colegios, universidades. Los cordones de miseria se van a acrecentar, estaremos a la espera a ver qué turno nos toca en la disputa geopolítica de la vacuna esperanzadora.
Se empezó a vender ese hálito de esperanza a través de la vacuna: del miedo pasamos a una ensoñación.
Estaremos muy pronto a salvo porque la vacuna está a la vuelta de la esquina, pero seguimos en ese ascenso que da miedo porque siguen apareciendo un sinnúmero de muertes no reportadas pero que han fallecido por el virus.
Otros momentos que siguen produciendo miedo: desaparecidos de la guerra en Colombia, la espiral de líderes y lideresas sociales asesinadas, las fosas comunes, recuperación de la economía, reabrir o no los colegios y universidades en el país, los elefantes blancos. ‘Más de 60 niñas son sometidas a violencia sexual al día en el país’.
Se conoció un informe de la Contraloría General de la República, que analizó las 1.193 de estas obras cuestionadas (elefantes blancos) que valen un total de 8,7 billones de pesos: “La mayoría de estas obras son del sector de agua potable (18,36 por ciento), cifra preocupante si se tiene en cuenta que el país tiene departamentos como Guainía, Chocó, Vaupés, San Andrés, Amazonas, La Guajira, donde la cobertura de agua potable está apenas entre el 21 y el 46 por ciento”. Le siguen en ese orden el sector educativo y transporte.
Los departamentos que integran este desfile paquidérmico son: Norte de Santander, Quindío, Guajira, Tolima, Casanare, Magdalena, Bolívar Antioquia, Valle del Cauca, Córdoba, sin lugar a duda, una clase política untada hasta los tuétanos con la corrupción; sigue campante por todos los rincones de la nación y no pasa nada.
¿Hasta cuándo tendremos que sufrir esta indolencia y este miedo por parte de una dirigencia ladrona y asesina?
Mientras tanto, Teleduque sigue en pie con “La propuesta acalorada y lacrimosa de convocar una constituyente para reformar la justicia, montada sobre el voluminoso expediente penal contra Uribe, además de su odioso talante bonapartista, es un camino peligroso e incierto para las instituciones. La reforma a la justicia tiene que enfrentarse no para aliviar los problemas judiciales de nadie, por importante que sea, sino para permitirles el acceso a los ciudadanos comunes y corrientes, en condiciones de eficiencia, eficacia”. (El espectador, domingo 9 de agosto del 2020).
Quiero concluir, citando al profesor Corey Robín en su texto: ‘El Miedo: Historia de una idea política’, “Pero si el miedo será el agente de la salvación personal y colectiva, sus objetivos deben acercarse, o parecerse, a la nada que los escritores suponen que ronda el yo y a la sociedad moderna, pues sólo si el miedo subyace a las limitantes de la política y la cortesía de la civilización, se contendrá la fuerza titánica necesaria para devolverle al yo y a la sociedad la energía que necesitan y que por derecho le corresponde”.
Esa energía y ese derecho es el que debe reclamar este pueblo colombiano en toda su plenitud para derrotar el miedo sepulcral y seguir fortaleciendo la crítica y la capacidad de asombro.
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