El compositor que le canta al merengue y a la vida

Por Arminio del Cristo Mestra Osorio
La composición vallenata está revestida de una triada que le permite ser hablada, escrita y cantada. Tiene como fundamento la palabra, esta misma es la que permite que la comunicación fluya en la cultura y le dé vida a la poesía vallenata.
Y “La poesía es el intento de preguntarle a las palabras qué somos. Como los sueños, ellas saben mucho de nosotros, quizás más que nosotros”. Esta misma palabra se ha forjado desde el mismo existir del ser humano, permaneciendo en esas dos variables, llamadas: tiempo y espacio.
En ese tiempo y en ese espacio se ha movido el compositor de música vallenata, German Villa Acosta, o como se le conoce, “El rey del folclor” o el Rey del merengue” cualquiera de estas nominaciones es válida para este artista de la palabra.
Hoy pareciera que existe un desprecio por la palabra, que se quisiera silenciar a través de los actos violentos, la palabra no es insulto, ella no debiera aparecer en los mensajes falsos y debe estar allí para alegrarnos la vida a partir de un poema, un cuento, o a través de un canto vallenato, como los que compone el maestro Villa: sencillos, fácil de cantar, entender, con un lenguaje que no dificulta su comprensión.
Oriundo, de Bogotá: tuvo como padre a Hernando Villa y una madre nacida (Supatá), (Cundinamarca), quien ha sido para él una estrella en el firmamento. De su progenitor heredó el apellido Villa, procedente de una genealogía musical, con grandes representantes en el toque del acordeón, guacharaqueros, cantantes, verseadores: allí debe haber un trazo genético de ese gran acordeonero, llamado, Abel Anonio Villa, el Juglar del Magdalena Grande.
El acercamiento con el vallenato se va a dar por la década de los años 70, con la llegada del tres veces rey vallenato, Alfredo de Jesús Gutiérrez Vital, a la ciudad de Bogotá, también por la puesta escénica de los Hermanos López, Hermanos Zuleta.
De igual forma, al escuchar a Gilberto Alejandro Durán Díaz, Nicolas Elías Mendoza Daza y Calixto Antonio Ochoa Campo, le van a dar un acercamiento musical más que interesante, su oído empezó afinarse, saber cómo se cantaba, se tocaba y se componía un canto para ser ejecutado en acordeón.
Por la década de los 70 escribió su primera canción, titulada, “Corazón Hondano”, un homenaje al padre, el mismo que lo había acercado a esa estirpe musical. En esa misma época graba, era uno de sus grandes anhelos y lo logra, como también había soñado ser el mejor Guacharaquero del merengue: practicó, y practicó a ver si podía derrotar al Penca Mejía, Adán Montero y a Virgilio Barrera, pero no pudo: ese pulso fue renuente a ese zigzagueo, al toque fino y elegante que se le debe dar a la Guacharaca cuando se acompaña un buen paseo, son, merengue y puya.
Supo disfrutar de excelentes canciones compuestas por grandes compositores e interpretadas, por Poncho y Emiliano, Jorge Oñate, Silvio Brito, Beto Zabaleta, Rafael Orozco y Diomedes Diaz: época sin igual y siempre igual, en este mundo vallenato. Con muchos de ellos ha podido disfrutar de una buena parranda vallenata y el gran Silvio Brito, le ha grabado sus canciones.
Ha podido componer paseos, puyas, merengues, y en el tintero tiene sones escondidos que no han salido a relucir en ese cancionero repleto de buenos temas. Todo esto lo podrán apreciar en su libro que es un fiel testimonio de su trasegar por este valle de canciones,por estas sabanas llenas de historias y por un rio caudaloso que sigue en sus recuerdos como es el rio de La Magdalena, también el rio Cesar y el Guatapurí.
Es un fiel asistente al Festival de la Leyenda vallenata desde el año 2003, donde sus entrañables amigos, Rafael Manjarrez, Toño Salas y muchos más, incluyendo a un sus amigos de siempre, Pablo López Gutiérrez y Álvaro González, quienes fueron y siguen siendo sus anfitriones.
Ha participado en el concurso de la canción Inédita en el Festival Vallenato con lujos de detalles, presentando solo merengues. Esta insistencia y la lucha por darle vida al merengue, lo logró con calidad, en el ritmo, la letra y la forma como se cantó en el concurso: fue grabada magistralmente por Marta Solano, con el acordeón de Beto Jamaica, titulado, “El Rey del Folclor”, primer puesto en el año 2012: sensacional. Y dónde me dejan el que le grabó Ivo Luis Díaz, con el acordeón de Beto Jamaica, “Soy hijo del Folclor”.
También ha participado en el Festival de Patillal, en el Festival del rio Grande de la Magdalena, Festival Corazón Caribe, Villanueva y ha estado presente en el concurso Rey de Reyes en la canción Inédita enValledupar: todos estos detalles, están en el libro “El rey del folclor: entre versos y canciones”, para que no quede duda de los logros de nuestro compositor y artista cachaco, como le decían en el Valle de Upar, cuando todavía no tenía los reconocimientos que hoy en día lleva sobre sus hombros.
Ya está en la galería de los ganadores de la canción inédita: dos cachacos que han hecho historia en la tierra del Cacique Upar: German Villa Acosta y Beto Jamaica Larrota.
La mayor parte de sus canciones escritas en la década de los años ochenta, están recopiladas en un trabajo realizado por el maestro German Villa. Además, dentro de esos cantos inéditos, aparecen unos merengues, como, “Homenaje a Luis Enrique Martínez, “El centenario de Juancho Polo Valencia” y “Reinas sin corona”, gozan de ese verso y de una palabra elaborada con pulso creador: el acto de componer lo concibo aquí, no como un acto ligero, frívolo, sino como el sentir y lo que vivencio el compositor.
Como me gustaría que estos merengues en homenaje al sexto rey vallenato y a ese acordeón primitivo, de Juancho Polo Valencia, con su sentir terrígeno, pudieran ser grabados por unas de estas figuras del vallenato que ya están pensando en el retiro o por algunos de estos cantantes que cantan muy bien el vallenato, como, por ejemplo, Orlando Acosta, Silvestre Dangond, Ivo Luis Díaz, Jorge Luis Ortiz, Joaco Pertuz y porque no, Rafa Pérez.
Él como creador es quien mejor conoce sus canciones y los momentos que lo inspiraron. Sabe como las concibió, los motivos reales que estuvieron allí para crearlas. ¿Cómo era ese momento? Estaba siendo golpeado por la tristeza, dolor, decepción, euforia, o vivía un jolgorio de alegría desbordante.
Los que intentamos investigar y reflexionar, damos cierta valoración a lo poético, a la utilización de figuras literarias y así poder mirar esa construcción lingüística desde una mirada reflexiva, no para acabar o despotricar lo producido por el creador: todo lo contrario, estar de acuerdo o no con lo que el compositor realiza es una decisión de cada quien, muy particular, cada quien la toma y se la goza desde su parecer y sentir.
A German Villa lo podrán llamar el compositor de la costumbre, el defensor del merengue, el hijo del riomagdalena, el soñador o el compositor que le dio vida al merengue en el festival de la Leyenda Vallenata.
Pero sus canciones están cargadas de expresiones y frases que le cantan al amor, al festival, al padre, al amigo, a la leyenda vallenata y a esos razoneros que supieron darle vida a este folclor. Solo basta realizar un buen ejercicio hermeneútico para poder descifrar los elementos poéticos que encierran sus cantos y que significa ser un hombre enamorado del vallenato. Su formación académica también ha servido para darle luz al contenido de sus estrofas, estribillos y poder llevar ese proceso a través de la indagación e investigación de los sucesos que entrelazan sus cantos. Esa disputa entre el derecho, la guacharaca, y el componer han sido antes que todo, su alimento espiritual para saber posicionarse en ese complejo mundo del vallenato.
Ha sabido aceptar las decisiones y los fallos en cada uno de los concursos donde ha participado, con gallardía, nobleza y respeto: su creación es sencilla. Inmarcesible. Y lo “sencillo no es obligatoriamente superficial. Es más: la difícil sencillez es un don que no se le concede a cualquiera. Y quizás procede de un lento proceso de discernimiento y autocritica, que no todo el mundo está en posibilidad de asumir”.
“La poesía en la canción romántica vallenata es emoción y goce que produce lo estético, expresado por sentimientos, imágenes y figuras literarias contenidas en el poema o letra, trasmitida por un intérprete con la musicalidad de su entonación; acompañada con armonías musicales que, integradas con la interpretación, forman un conjunto melódico que el oyente interioriza y resignifica, en el marco de evocaciones y valores simbólico-emocionales personales y culturales generacionalmente diversos”.
Así la define el doctor, Ángel Massiris Cabeza, lo que es y lo que significa nuestra canción vallenata.
Todos estos requisitos están allí presente en la creación musical del creador German Villa: ni una línea de más ni una menos, es un trabajo poético que cubre cada detalle que reclama una buena composición, donde el solamente busca seguir vivenciando esa fuerza creadora en cada uno de esos cantos, que se caracterizan por la narrativa lirica-poética romántica, y donde se enaltece el amor, la añoranza, los sentimientos, emociones: cualidades liricas, poéticas,con una carga musical que no están por fuera de eso que reclama la composición vallenata.
Todo esto me llevó también a detenerme en un texto, muy recomendado por los creadores literarios, directores de teatro, que juegan con estos tiempos del amor, desespero, cariño, muerte, soledad y buscar en el libro, titulado, “Las 36 situaciones dramáticas”, del crítico literario francés, Georges Polti, y cuál del las situaciones que él cuenta, narra y analiza tenían cercanías con la obra creadora del maestro Germán Villa, y vaya que sorpresa, muchas, empezando por ese drama del amor, suplica, pasión, sacrificio por la persona amada, reencuentro, perdida del ser querido.
Una tarea para los investigadores, locutores, periodistas, es indagar y analizar la fuerza creadora del compositor y del aporte que le ha hecho y le sigue haciendo al folclor de la caja guacharaca y acordeón: y creo que lo más cercano desde lo musical es su próxima participación en el rey de reyes de la canción inédita, en el año 2027, en la ciudad de Valledupar.
Alguien me dijo en el Festival de Nobsa, que si cuando el interior del país haría un festival en homenaje a Germán Villa: lo único que atine a decirle, fue: habrá que consultarle al maestro si está de acuerdo con el homenaje.
Así defino al compositor que le ha dado muchos aportes valiosos a esta música: y quiero cerrar este sencillo homenaje citando al poeta cubano Cintio Vittier, cuando escribió “La puerta tiene índole terrenal, en cambio la ventana es de índole celestial. Por las noches, las puertas piensan y las ventanas cantan”.
Este escrito solo busca reconocer al compositor de ayer y de hoy y, también para no olvidar esas viejas composiciones que tienen como esencia la palabra: la misma que canta el cantor de la sabana.




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